ORION

Un día apareciste cachorro, juguetón,
por sorpresa, sin esperarte, con ese pelo
dorado como el amanecer y ese porte
gallardo y orgulloso, con un atisbo de rebeldía
que fue nuestra pesadilla y también tu sello
de identidad al que nos acostumbramos.

No olvidaré esas escapadas cuando paseábamos,
aunque nunca supe donde ibas, si que volverías.
Recuerdo esa mirada perdida, al infinito, tal vez
rememorando el ártico de otras vidas
y aquella vez que la nieve te envolvía,
 ¡cuánta alegría reflejaban tus ojos!
como si jugar con ella fuera natural
y El Pico de las Nieves contempló revolcarte
impregnándote de placer y gozo.

Tu semblante nunca entendió a Esther
que fue y ya nunca volvió, igual esperabas verla
aparecer para darte tu paseo matutino. Tal vez
ahora hayas entendido donde fue.

Últimamente ya no sentías esa fiereza,
ya no dabas esa fuerza que te definía,
quedabas sin aliento al correr y
te costaba lo que antes divertía.
La vejez te había ganado la partida
y tu partida será recordada siempre.

Comentarios